Nachi Taisha, uno de los tres grandes santuarios que descubrirá el viajero, está junto a la catarata más alta de Japón.
Destinos

Camino de Kumano

Junto con el Camino de Santiago, es la única ruta de peregrinaje que ostenta el título de patrimonio de la humanidad. El japonés Kumano Kodo, recorrido desde hace mil años tanto por emperadores como por mendigos, une tres santuarios en una red de senderos envuelta de naturaleza espectacular.

Paz espiritual y una inmersión curativa en la naturaleza 

Durante esta época incierta provocada por la pandemia, necesitamos sentir más que nunca su poder reparador. Y pocas rutas en el planeta tienen, en este aspecto, el poderío del milenario Kumano Kodo, una versión japonesa del Camino de Santiago.

Peregrinos llegados de todo el planeta recorren cada año estos parajes, que aúnan impresionantes templos y una exuberante vegetación, y en los que el viajero se verá envuelto en leyendas misteriosas y una profunda espiritualidad.

Recorrido desde hace cerca de 1.200 años por personas de todas las clases sociales, desde campesinos hasta emperadores, el Kumano Kodo está ubicado en la parte central de Honshu, la isla principal de Japón, y se llega a él tras unas cuatro horas en tren desde Kyoto u Osaka. Desde que en 2004 fue declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco, vive un auge que se traduce en más visitantes, pero también en más y mejores servicios, que van desde la oferta de alojamiento hasta la posibilidad de hacerse llevar el equipaje hasta el siguiente tramo del camino para recorrerlo más ligeros.

Como en el caso del Camino de Santiago, no se trata de una ruta única, sino de una serie de sendas de peregrinación, a través de las cuales se llega a los tres grandes santuarios de Kumano Sanzan: Nachi Taisha, en Nachi y junto a la catarata más alta de Japón, con 133 metros; Hongu Taisha, cerca de Nanabe, y con solemnes edificios techados con corteza de ciprés, y el rojizo Hayatama Taisha, ubicado en medio del bosque en Shingu.

Además de estos tres santuarios principales, el trayecto está lleno de sorpresas que fascinarán al viajero: desde montañas envueltas en niebla hasta templos oji, dedicados al descanso y a los ritos de purificación, pasando por vertiginosas escaleras de piedra rodeadas de vegetación, denominadas daimonzaka.

De todas las rutas, la más popular es la Nakahechi o ruta imperial, que parte de la ciudad costera de Tanabe y se dirige hacia las montañas a lo largo de 40 kilómetros. Quienes prefieran la costa pueden optar por la ruta Ohechi, con espléndidas panorámicas sobre el Pacífico.

Ryokan, guesthouses o templos: dónde alojarse

Hay infinidad de posibilidades de alojamiento en Kumano: guesthouses, hoteles y ryokan, alojamientos tradicionales con piso de tatami, baños termales y cocina sofisticada. Lo principal es decidir si se quiere realizar una ruta itinerante, durmiendo cada día en un punto distinto, o bien se opta por establecer una base de operaciones fija, como Tanabe o Shingu. Una de las opciones con más encanto es alojarse en un shukubo, templos en plena naturaleza (hay más de medio centenar que ofrecen alojamiento), que incluyen desayuno y comida vegetarianos, el mismo menú que toman los monjes. 

Onsen: relax para el cuerpo, la guinda de la jornada

Tras una jornada caminando, no hay nada que se disfrute más que relajarse sumergiéndose en un onsen, baños termales tradicionales japoneses. Entre los más espectaculares está el Shirahama onsen, uno de los más antiguos del país, que cuenta con piscinas de piedra al aire libre con espectaculares vistas al mar. Otra opción es el Ryujin onsen, con baños que dan directamente a un río cuyas aguas minerales tienen fama desde hace siglos. Muchos forman parte de complejos hoteleros y en algunos, como el Kawayu Midoriya, se puede optar también por reservar una habitación con su onsen privado. 

Cuándo ir y qué llevar como equipaje para el camino

Los meses ideales para embarcarse en una ruta en esta región son mayo, junio (aunque es época de lluvias), septiembre y octubre. Es aconsejable viajar ligeros de equipaje, tanto si dormimos en una base fija como (sobre todo) si hemos escogido una ruta itinerante. Es imprescindible llevar botas de montaña y ropa transpirable para protegerse de la lluvia, y contar con agua suficiente. Además, es conveniente llevar un gorro y bastones, que se regalan a lo largo de la ruta y que alivian la presión en las rodillas. Como alternativa, existe un bus turístico que hace el circuito de los tres santuarios.