Algunos investigadores sugieren que la dificultad para concentrarse también podría estar relacionada con la multitarea.

¿Por qué cada vez nos cuesta más concentrarnos?

El alto consumo tecnológico es uno de los factores principales que explica la falta de concentración en jóvenes y adultos.

POR Mariona Fernández | 18 Septiembre 2026

En las últimas décadas, los investigadores han descubierto que el tiempo medio que las personas permanecen enfocadas en una actividad ha pasado de 2,5 minutos a apenas 40 segundos. Dado que cualquier tarea compleja requiere más de medio minuto, estos cambios constantes de foco hacen que muchas actividades queden a medias.

La falta de concentración es uno de los retos de la sociedad actual, marcada por la hiperconectividad digital y el uso excesivo de pantallas, que han multiplicado las distracciones. Así, nos hemos acostumbrado a realizar varias tareas al mismo tiempo y a saltar de un estímulo a otro. Podemos, por ejemplo, escribir un correo mientras respondemos un WhatsApp o ver la televisión mientras hacemos scroll por las redes sociales.

Pero, lejos de ser una virtud, el multitasking esconde una menor capacidad para mantener la atención y una búsqueda constante de recompensa inmediata que debilita algunas funciones fundamentales de nuestro cerebro.

 

¿A qué se debe la falta de concentración causada por la tecnología

Cada estímulo digital provoca una pequeña liberación de dopamina que el cerebro interpreta como recompensa. Con el tiempo, este mecanismo refuerza la búsqueda constante de novedades y hace que la atención profunda y sostenida se ejercite cada vez menos.

Así, nuestro cerebro se acostumbra a una estimulación continua y fragmentada, encadenando un contenido tras otro sin apenas pausas, como si fueran palomitas de maíz estallando en una olla.

Precisamente, hoy en día se utiliza el término popcorn brain para describir "la condición psicológica en la que alguien no puede mantener su mente y atención fijas en nada, que se cree que está causada por pasar demasiado tiempo en las redes sociales", tal como lo define el Diccionario de Cambridge.

Imagen representativa del término 'popcorn brain'

Algunos investigadores sugieren que la dificultad para concentrarse también podría estar relacionada con la multitarea. Cada vez que interrumpimos, por ejemplo, una sesión de estudio o trabajo para consultar el móvil, responder a un mensaje o revisar las redes sociales, nuestra atención se desvía de la tarea principal. Cuando la retomamos, el cerebro debe volver a situarse, un proceso que consume más recursos cognitivos, aumenta el esfuerzo mental y dificulta mantener una atención sostenida.

 

Otras causas de la atención fraccionada

Aunque las distracciones digitales lideran la creciente preocupación por la falta de concentración, existen muchos otros factores que pueden afectar a nuestra capacidad de atención. Entre ellos se encuentran:

  • El cansancio. 
  • Las preocupaciones o pensamientos frecuentes. 
  • La ansiedad. 
  • La desmotivación hacia una tarea. 

No obstante, la falta de concentración no siempre representa un problema. En determinadas circunstancias, puede actuar como una señal de que nuestro cerebro necesita atender algo que considera prioritario, ya sea una preocupación, una situación urgente o una necesidad de descanso. En este sentido, el desvío de la atención puede interpretarse como un mecanismo de adaptación al entorno y a nuestras necesidades físicas o emocionales.

 

Signos y consecuencias cognitivas del ‘popcorn brain’

El síndrome del popcorn brain afecta a personas de todas las edades, aunque investigadores y profesionales de la salud alertan especialmente de las consecuencias que puede tener en los niños.

La sobreestimulación digital en edades tempranas afecta al desarrollo neurológico, ya que provoca alteraciones en la atención, el sueño, el control de impulsos y emociones, y la toma de decisiones. Incluso, se ha descubierto que esta sobrecarga puede aumentar el riesgo de desarrollar TDAH.

 

En los adultos, la sobreestimulación digital está relacionada con una menor capacidad de concentración, una mayor dificultad para retener información y un aumento de la fatiga mental, el estrés y las alteraciones del sueño. Algunas investigaciones también alertan de que la exposición digital excesiva y sostenida puede acelerar el deterioro cognitivo y favorecer la aparición de enfermedades relacionadas.

Dos niños utilizando dispositivos digitales

Otros signos asociados a este estado mental son:

• Revisar el teléfono constantemente y sin razón aparente.
• Sentir ansiedad cuando no hay estímulos constantes.
• Dificultad para tolerar momentos de espera.
• Inquietud al realizar actividades que requieren concentración prolongada.

Los psicólogos e investigadores Mary K. Rothbart y Michael Posner, en su artículo El cerebro en desarrollo en un mundo de multitarea, señalan que, cuando la atención fragmentada se prolonga en el tiempo, algunas de nuestras capacidades mentales se debilitan.

Por una parte, nuestra habilidad para concentrarnos de forma sostenida disminuye. También se reduce la capacidad de procesar información en profundidad y mantener el foco en una misma tarea. Como consecuencia, el impacto neurológico del exceso de pantallas hace que a nuestra mente le cueste más mantener la atención, lo que aumenta la probabilidad de cometer errores y favorece una sensación de agotamiento mental.

 

Sí a los descansos, pero hay que saber cómo hacerlos

Las pausas durante el trabajo o durante actividades que requieren concentración son necesarias, ya que mejoran el funcionamiento cognitivo y evitan el desgaste. El cerebro necesita momentos de desconexión para consolidar recuerdos e integrar la información recibida. Sin embargo, la clave está en saber cómo hacerlas.

La psicóloga Gloria Mark, en una entrevista para la American Psychological Association, señaló que los descansos son más efectivos cuando se realizan en un punto natural de detención de una tarea y no en mitad del proceso. De esta forma, retomar la actividad requiere menos esfuerzo mental y mejora la concentración.

 

Ahora bien, no hay que confundir el descanso con la distracción. Según apuntan cada vez más estudios, utilizar las pantallas de forma pasiva, como hacer scroll en redes sociales, no fomenta el reposo tranquilo. Al contrario, estas actividades siguen enviando estímulos al cerebro e impiden que este consolide correctamente lo aprendido.

 

Entrenar la mente para mejorar la falta de concentración

En la mayoría de los casos, es posible hacer un detox digital y construir una relación más sana y consciente con la tecnología. Estas son algunas de las estrategias que pueden ayudar a recuperar la atención: 

  • Establecer límites: la OMS recomienda un uso de pantallas de como máximo una hora diaria para los menores de 5 años. En el caso de los adultos, se aconseja optimizar el tiempo en dispositivos digitales y realizar actividades fuera de las pantallas.
  • Buscar estrategias: ya sea dejar el teléfono en otra habitación o utilizar aplicaciones de concentración y límites de tiempo.
  • Realizar actividades analógicas: leer, practicar meditación, estar en contacto con la naturaleza o hacer deporte estimula positivamente la mente y favorece la concentración.
  • Dejar espacio para el aburrimiento: una mente sobreestimulada normaliza la rapidez, por lo que los momentos de silencio o espera pueden generar ansiedad. Reducir los estímulos del entorno ayuda a recuperar la presencia y la atención.
  • Esconder las distracciones durante tareas de larga duración: mantener fuera del alcance el teléfono móvil o cualquier otro elemento distractor puede ayudar a sostener la concentración en la actividad que se está realizando.

Si la falta de concentración esconde otras patologías más profundas o un comportamiento adictivo, es recomendable acudir a un especialista para abordarlo de forma adecuada.

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