4 claves para dormir en verano y descansar mejor
Las altas temperaturas hacen que conciliar el sueño sea a menudo difícil. Por ello, te presentamos algunos trucos para dormir en verano y tener un descanso reparador.
La temperatura ideal para dormir en verano oscila entre los 18 y los 25 grados, según diversos estudios. A partir de esta cifra, la calidad del sueño suele empeorar y aumentan los despertares nocturnos debido al calor.
Especialmente en verano, época en que la temperatura ambiental nocturna de algunas regiones suele superar los 30 grados, tener un buen descanso puede resultar todo un reto.
¿Por qué nos cuesta dormir en verano?
El sueño está estrechamente ligado a la regulación de la temperatura corporal. Para conciliar el sueño, nuestro organismo necesita que la temperatura interna descienda ligeramente. Cuando la habitación está demasiado caliente, el cuerpo tiene más dificultades para disipar ese calor. Esto provoca que se retrase el inicio del descanso y favorece los desvelos durante la noche.
Estos son los hallazgos principales de una revisión sistemática publicada en la Sleep Medicine Reviews que analizó 36 estudios durante las tres últimas décadas. Además, la revisión concluye que las altas temperaturas empeoran la calidad y la cantidad del sueño. A largo plazo, esto puede suponer una amenaza para la salud, el bienestar y el rendimiento.
El calor afecta al descanso de personas de todo el mundo, aunque algunos grupos son especialmente sensibles. Entre ellos se encuentran las personas mayores, las mujeres, las personas que viven en regiones especialmente cálidas y aquellas con menos recursos económicos o con un acceso limitado a sistemas de refrigeración, como el aire acondicionado.
Así afecta un sueño deficiente al cuerpo
Una falta de descanso sostenida en el tiempo puede afectar a la salud del organismo. La privación de sueño o un descanso de mala calidad se ha relacionado con un mayor riesgo de:
- Enfermedades cardiovasculares.
- Problemas metabólicos como obesidad y diabetes.
- Trastornos de salud mental.
- Peor rendimiento cognitivo y menor capacidad de concentración.
- Más riesgo de accidentes y lesiones.
Además, el calor puede aumentar la frecuencia de los despertares durante la noche. Cuando el descanso se fragmenta, la eficiencia del sueño disminuye y, con el tiempo, puede repercutir en la salud y el bienestar físico y psicológico. Es, por tanto, fundamental aplicar técnicas que ayuden a dormir en verano y a favorecer un descanso reparador.
Consejos para dormir en verano
Lo más importante para favorecer el descanso en verano es generar un microclima agradable. Es decir, mantener una temperatura adecuada dentro de casa.
En los días especialmente calurosos, se recomienda mantener las ventanas cerradas y las persianas bajadas durante el día para evitar que la exposición solar penetre por las ventanas y aumente la temperatura interior. En cambio, por la noche, abrir las ventanas puede ayudar a generar corrientes de aire que favorezcan la circulación y refresquen las habitaciones.
Trucos para dormir en verano sin pasar calor
Utilizar ventiladores o crear corrientes de aire
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Los ventiladores, a diferencia de los aires acondicionados, no enfrían el aire, aunque sí mejoran la evaporación del sudor y aumentan la pérdida de calor corporal.
Esto facilita que el cuerpo mantenga una temperatura corporal más adecuada para dormir.
Tomar una ducha tibia antes de dormir
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Aunque parezca contradictorio y menos apetecible que ducharse con agua fría, el agua caliente o templada puede ayudar a combatir el calor.
Además de ayudar a relajar el cuerpo, también activa los mecanismos naturales para combatir el calor, lo que produce una sensación de frescura más duradera.
Escoger ropa de cama de algodón o lino
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Ambos son materiales ligeros y transpirables. Absorben bien la humedad y se secan al instante, por lo que son una opción ideal para las noches extremadamente calurosas.
Realizar actividad física regular
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Cuando hacemos deporte en verano, el cuerpo trabaja más para regular la temperatura corporal. Este proceso, conocido como aclimatación, ayuda a que el cuerpo se adapte progresivamente al calor y tolere mejor los climas extremos.
Hay que recordar que en verano se debe evitar entrenar en las horas más calurosas por riesgo a sufrir golpes de calor o mareos. En cambio, puede hacerse de forma segura durante la primera hora de la mañana o a última hora de la tarde.