Los derechos ambientales son el conjunto de principios y normas que reconocen el derecho de las personas a vivir en un entorno sano, equilibrado y sostenible.

¿Qué son los derechos ambientales?

Los llamados ‘derechos ambientales’ emergen como una nueva necesidad de nuestro tiempo. Por ello, cabe aclarar qué abarca este término, cómo se reconocen hoy y por qué son clave para el futuro del planeta.

POR Joan Miquel Mas Salom | 15 Enero 2026

En un contexto marcado por el cambio climático, la pérdida acelerada de biodiversidad y la degradación de los ecosistemas, el concepto de derechos ambientales ha pasado de ser una reivindicación activista a ocupar un lugar central en el debate jurídico, político y social. Pero ¿qué son exactamente los derechos ambientales? ¿A quién protegen y cómo se aplican?

 

Origen y significado 

Los derechos ambientales son el conjunto de principios y normas que reconocen el derecho de las personas (y, en algunos casos, de la propia naturaleza) a vivir en un entorno sano, equilibrado y sostenible. Incluyen tanto derechos individuales como colectivos y se basan en la idea de que un medio ambiente degradado pone en riesgo derechos humanos fundamentales como la salud, la vida o el acceso al agua.

Su origen moderno se sitúa en la década de 1970, especialmente tras la Conferencia de Estocolmo de 1972, donde Naciones Unidas reconoció por primera vez que la protección del medio ambiente es una condición esencial para el bienestar humano. Desde entonces, organismos internacionales como la ONU y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) han desarrollado marcos normativos que vinculan derechos humanos y protección ambiental.

 

¿Por qué son cada vez más importantes?

Hoy en día, los derechos ambientales suelen incluir tres grandes pilares, que son el derecho a un medio ambiente sano, reconocido por la ONU en 2022 como derecho humano universal; el derecho de acceso a la información ambiental, clave para la transparencia pública y empresarial, y el derecho a la participación y a la justicia ambiental, que permite a la ciudadanía intervenir en decisiones que afectan al entorno y recurrir a los tribunales.

Así pues, estos principios están recogidos en acuerdos como el Convenio de Aarhus (vigente en la Unión Europea) o el Acuerdo de Escazú, en América Latina, hoy considerados referentes internacionales.

 

Los derechos ambientales en España

En España, los derechos ambientales están reconocidos en el terreno constitucional, a través del artículo 45 de la Constitución española,que establece el derecho de todos a disfrutar de un medio ambiente adecuado y el deber de conservarlo. Además, obliga a los poderes públicos a velar por la utilización racional de los recursos naturales.

Para el mantenimiento de este principio se dispone de una amplia legislación ambiental: leyes sobre calidad del aire, agua, residuos, biodiversidad, cambio climático y evaluación de impacto ambiental. Por otra parte, España también está sujeta a la normativa europea, una de las más avanzadas del mundo en materia de protección ambiental.

Un ejemplo de esto es la aplicación el Convenio de Aarhus, que garantiza tres derechos clave: acceso a la información ambiental, participación pública en decisiones ambientales y acceso a la justicia. En la práctica, esto permite a ciudadanos y organizaciones ecologistas impugnar proyectos contaminantes o exigir responsabilidades a las administraciones.

 

Cómo afectan los derechos ambientales a empresas y consumidores

Además de su situación legal, el avance de los derechos ambientales también tiene un impacto directo en la economía y en la vida cotidiana. Para las empresas, por ejemplo, implica mayores obligaciones de transparencia, diligencia ambiental y responsabilidad sobre toda la cadena de valor. Conceptos como la huella de carbono, la economía circular o la responsabilidad social corporativa ya no son solo marketing, sino que cada vez están más ligados a exigencias legales.

Con las normativas europeas recientes se obliga a las empresas a informar sobre riesgos ambientales, impactos climáticos y medidas de mitigación. El incumplimiento puede derivar en sanciones, pérdida de reputación y litigios.

Por otra parte, para los consumidores, los derechos ambientales se traducen en mayor acceso a información fiable, protección frente a prácticas engañosas como el greenwashing y la posibilidad de exigir productos y servicios más sostenibles. De esta manera, se refuerza el papel del consumo responsable como herramienta de cambio.

En definitiva, los derechos ambientales representan una evolución clave en la forma en que entendemos la relación entre sociedad, economía y naturaleza. No se limitan a la protección del entorno, sino que garantizan salud, justicia y equidad, tanto para las generaciones actuales como para las futuras.

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