Claves para tener un descanso óptimo este verano
Apagamos el ordenador, las alarmas y la tensión constante del día a día cuando llegan las vacaciones. Y, con ellas, el placer de descansar y sentirse bien. Pero no siempre es sencillo saber gestionar todo ese tiempo libre.
Para muchas personas, desconectar del trabajo y de las obligaciones diarias requiere de un esfuerzo. Tras meses funcionando con la agenda llena, la llegada de las vacaciones puede venir de la mano de una cierta sensación de inquietud o vacío. Esta alteración en la rutina tiene su explicación física.
Durante el año, el cuerpo sigue unos horarios más estrictos y una sobreestimulación continuada de tareas y planes. Todo ello desparece, de golpe, y muchas personas lo experimentan con un cansancio repentino o problemas para dormir por las noches, debido a los niveles elevados de cortisol en nuestro cuerpo.
El cerebro necesita cierto tiempo de adaptación para poder pasar de ese ritmo intenso a uno mucho más relajado, además de aprender a no sentirse culpable por no tener nada que hacer, disminuir la propia auto exigencia y darse permiso para parar.
Primer paso: détox digital
Las vacaciones recuerdan que el descanso juega un papel indispensable en la salud y el bienestar. Estas semanas sin despertador fomentan la liberación de dopamina, la hormona del placer, y permiten recuperar la energía y revitalizar cuerpo y mente. Dormir sin alarmas y sin madrugones es perfecto para que el cuerpo recupere su ritmo natural de sueño y mejore el estado de ánimo, ya que, según la Sociedad Española de Sueño, cerca del 48 % de la población adulta española no disfruta de un descanso de calidad.
Para conseguir desconectar tecnológicamente, los expertos recomiendan seguir pequeños trucos. Por ejemplo, configurar un mensaje automático que avise que, durante unas semanas, no se revisará el correo laboral o desactivar las notificaciones que se reciben de alguna app concreta y hacen que se esté constantemente enganchado al móvil.
Saber desconectar no siempre es sencillo, y muchas personas acaban atrapadas en lo que se conoce como doomscrolling; es decir, el consumo casi obsesivo de noticias negativas y pesimistas en redes sociales o Internet. Diversas investigaciones han observado que este hábito se asocia con mayores niveles de ansiedad, estrés psicológico y síntomas depresivos, especialmente cuando ocupa una parte importante del tiempo libre.
La appstinencia es clave para disfrutar del verano, ya que sirve para recargar la mente, descansar la vista y mejorar la creatividad. Además, reducir el tiempo frente a las pantallas y sustituirlo por actividades al aire libre o encuentros sociales puede favorecer el bienestar emocional y disminuir el sedentarismo.
¿Cómo gestionar el tiempo libre?
Paralelamente, es importante descubrir qué nos hace sentir bien a cada uno de nosotros. Leer en silencio, pasear por la montaña con la familia o disfrutar de un aperitivo frente al mar. Lo mejor de las vacaciones es dejar que la vida personal tenga todo el protagonismo posible y olvidarse, por unas semanas, de la conciliación y las prisas. El verano es el momento ideal para hacer un alto en el camino y disfrutar de buenas compañías sin mirar el reloj (o el correo de la empresa) constantemente.
Pero antes de apagar durante unos días el ordenador, hay que dejar todos los temas laborales resueltos y organizados. Y también las tareas ligadas a la vuelta al cole como apuntar a los niños a la extraescolar de deporte o matricularlos en el nuevo curso. Es el momento, además, de esbozar pequeñas ideas o proyectos para las vacaciones. No se tratar de organizar al detalle las vacaciones, pero sí tener en cuenta aquellos planes que nos gustaría poder llevar a cabo durante este tiempo libre.

En definitiva, estas semanas que vienen son el momento perfecto para leer, pasear o retomar la práctica de ejercicio físico o algunas aficiones que, durante el año, quedan relegadas a muy pocos días.
¿Cómo adaptar la rutina al verano?
Las vacaciones son para desconectar, pero los especialistas en medicina del sueño recuerdan que el organismo sigue necesitando ciertos puntos de referencia. Mantener unas rutinas mínimas ayuda a descansar mejor y evita que la vuelta al trabajo se convierta en un pequeño “jet lag”.