El culto a la belleza
El autocuidado, la medicina estética y el fitness son herramientas de culto a la belleza. Sin embargo, el anhelo de aquello que es “bello” no es algo nuevo, y a pesar de tener unos ideales actuales bastante polémicos, también tiene más formas que nunca.
“Los seres humanos llevamos adornándonos desde el Paleolítico; ponernos brazaletes, collares y pendientes es casi consustancial a la experiencia humana”, afirma Marga Sánchez Romero, arqueóloga y escritora. Si echamos la vista atrás, el cuerpo ha estado históricamente al servicio de transformaciones y retoques: “Las modificaciones craneales son también un ejemplo muy práctico de manipulaciones físicas que seguían un ideal de aquello que consideraban bello o que reflejaban cierto estatus”.
Así lo demuestra también la exposición El culto de la belleza, acogida por el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, que ofrece un recorrido muy visual de cómo la idea de belleza ha atravesado la sociedad desde todos los tiempos. También en la exposición hay espacio para hablar de cómo la salud, en forma de medicina estética o de rutinas relacionadas con el autocuidado, se ha convertido en un aliciente para perseguir la belleza. “En realidad, lo que plantea la exposición es que nacemos desnudas y el resto es disfraz.
La idea de belleza es muy poco orgánica y tendemos a desplegar todas las estrategias que tenemos para acercarnos a este ideal, que es un lugar al que nunca se llega. Es como el claro del bosque de María Zambrano, un camino en el que estamos inmersos todo el tiempo, pero no tiene un punto de llegada”, comenta Blanca Arias, historiadora del arte y comisaria de la exposición.
¿Un cuerpo bello es un cuerpo sano?
“La salud es un concepto indisociable de la imagen, porque, de hecho, la mayoría de diagnósticos que se practican son a través de esta”, observa Blanca, y añade: "Cuando alguien camina por la calle, somos capaces de identificar si está enfermo. A veces, muy alegremente afirmamos que alguien tiene obesidad sin saber nada de esa persona, solo a través de un diagnóstico visual. Por lo tanto, la medicina es una disciplina extremadamente visual que se crea en relación a una imagen de un cuerpo sano, que siempre es uno, porque la medicina no existe nunca exenta de un imaginario, sino que depende de un modelo anatómico. Y de ese modelo anatómico ha bebido también muchas veces la belleza”.
Ética y belleza
La naturaleza de este ideal de belleza que relacionamos con lo saludable tiene más de ético que de estético. Siguiendo la premisa aristotélica de que existe un bien cuya consecución abre la puerta al resto de bienes deseables, conseguir alcanzar los estándares de belleza ha sido y sigue siendo una promesa de conseguir también un cierto estatus social.
“Sabemos que durante el siglo dieciséis, diecisiete, incluso dieciocho, hubo muchos hombres que usaban tacones como símbolo de estatus. Los primeros que empezaron a usarlos eran los hombres de las élites de la zona de Persia, que eran jinetes y necesitaban enganchar el estribo al caballo con el tacón. En el siglo diez después de Cristo, empezó a verse como un símbolo de poder, y se extendió por toda Europa hasta llegar a Francia e Inglaterra”, explica Marga Sánchez. Con el tiempo, el tacón ha pasado a ser un símbolo que representa la feminidad, pero la altura sigue siendo el principal reto estético de los hombres, a pesar de no existir todavía un modelo de belleza muy estandarizado para ellos.
Para las mujeres, por supuesto, ese modelo está mucho más definido, concretamente en cuatro pilares que define la filósofa Heather Widows: juventud, delgadez, lisura y firmeza. Sin embargo, también dentro de esos márgenes, existen cada vez más moldes –así lo podíamos ver en la nueva Barbie de Greta Gerwig– que se adaptan a los distintos cuerpos de la sociedad moderna. “Si pensamos en lo que es bello para la industria, eso es una idea de lo bello y es válida, pero yo creo que también estamos en un momento de resignificación del término. Como pasa con la salud, hay que empezar a mirar a la belleza no como un privilegio, sino como un derecho, el derecho de decidir sobre nuestro propio cuerpo”.