“Cada paciente necesita una valoración individualizada y basada en evidencia científica”

Hablamos con Laura Alfonso, psiconutricionista especializada en Trastornos de la Conducta Alimentaria, sobre el efecto de las redes sociales en la nutrición y la salud.

“La salud tiene más que ver con el equilibrio y la sostenibilidad a largo plazo”

POR Enric Ros | 01 Julio 2026

Con una comunidad digital creciente gracias a su labor divulgativa sobre alimentación, Laura Alfaro defiende que la verdadera salud se basa en hábitos flexibles y reflexiona sobre la confusión que genera el acceso ilimitado a contenidos sobre nutrición en las redes sociales.

En consulta, ¿notas diferencia entre los pacientes que vienen porque quieren estar más sanos y los que vienen porque quieren verse físicamente bien?

En la práctica clínica me encuentro de todo, pero cuando indagas más en la vida de la persona, un porcentaje muy alto de pacientes están insatisfechos con su aspecto físico, lo cual repercute de una manera muy negativa en su salud mental. Observo mucho una tendencia, sobre todo en mujeres, a compararse con otras mujeres o incluso con su “yo” de hace 15 años, sin tener en cuenta los cambios naturales que ocurren con el tiempo, como el envejecimiento, los cambios hormonales, los embarazos o el propio ritmo de vida actual. Sí que existe una diferencia entre quienes acuden buscando salud y quienes lo hacen motivados principalmente por la estética, aunque muchas veces ambos objetivos están relacionados. Los pacientes que buscan salud suelen centrarse más en mejorar hábitos, ganar energía, prevenir enfermedades o sentirse mejor consigo mismos a largo plazo. En cambio, quienes priorizan el aspecto físico suelen mostrar más preocupación por el peso, la imagen corporal o alcanzar determinados estándares estéticos impuestos socialmente. Pero en la práctica ambas motivaciones suelen mezclarse.

 

Vivimos el momento con más información sobre salud y nutrición que nunca. Sin embargo, los trastornos de la conducta alimentaria siguen siendo una preocupación creciente. ¿Cómo interpretas esta aparente contradicción?

Creo que actualmente vivimos en una época en la que tenemos acceso a una cantidad enorme de información, pero eso no significa que toda sea fiable ni esté respaldada científicamente. Hoy en día cualquier persona con acceso a internet o redes sociales puede difundir contenidos sin ningún tipo de control o evidencia detrás, y eso en la práctica clínica genera mucha confusión. Me encuentro con pacientes que no saben qué información creer porque reciben mensajes completamente contradictorios constantemente. Y también hay casos de personas que piensan que conocen más sobre nutrición por haber visto vídeos muy breves en redes sociales o porque alguien asegura que cierta dieta “le funcionó”. El problema es que muchas veces se generalizan experiencias personales como si fueran recomendaciones válidas para todo el mundo, cuando cada paciente necesita una valoración individualizada y basada en evidencia científica.

 

De hecho, hay estudios recientes que señalan que solo entre el 4 y el 5% del contenido sobre nutrición que se consume en TikTok proviene de profesionales sanitarios. ¿Cómo llega eso a tu consulta?

Muchos pacientes llegan con miedo a determinados alimentos, ideas muy extremas sobre nutrición o expectativas irreales porque han visto consejos en redes sociales sin respaldo profesional. Además, la información en TikTok suele ser muy rápida y simplificada, lo que hace que temas complejos se expliquen sin contexto. Esto genera bastante confusión y, en ocasiones, hábitos poco saludables que luego hay que trabajar y desmontar en consulta.

 

El contenido, además, parece dirigirse más al público femenino. ¿Es también el impacto mayor en ellas, o es simplemente más visible?

En mi opinión, el impacto sí es mayor en mujeres, aunque también es verdad que en ellas resulta más visible y socialmente más aceptado hablar de ello. Desde hace años existe una presión estética mucho más intensa hacia el cuerpo femenino, y las redes sociales han amplificado todavía más esa exigencia. Constantemente se asocia el bienestar femenino con la imagen física, la delgadez o determinados estilos de vida “perfectos”. Suelo ver cómo muchas mujeres sienten una presión continua por cuidarse, verse bien o cumplir ciertos estándares que a veces son inalcanzables. Aun así, cada vez observo más preocupación también en hombres, sobre todo adolescentes y/o adultos jóvenes, aunque probablemente les cueste más verbalizarlo o pedir ayuda acerca de estos temas.

 

En el ámbito de la nutrición, ¿Qué hábitos crees que son indispensables en nuestra rutina que generan un impacto positivo en la salud?

Existen pequeños hábitos cotidianos que pueden mejorar muchísimo nuestra calidad de vida. Mantener una buena hidratación, realizar actividad física diaria, aunque sea moderada, incluir frutas y verduras de forma habitual en la alimentación y reducir el tiempo que pasamos frente a las pantallas son medidas sencillas que pueden tener un efecto muy positivo tanto en la salud física como emocional.

 

¿Y hay algún mito sobre el cuidado del cuerpo que cueste especialmente desmontar, porque la gente, en el fondo, no quiere que sea mentira?

Sí, especialmente todo lo relacionado con las “soluciones rápidas”. Mucha gente quiere creer que existe una dieta milagro, un producto détox o un método concreto con el que conseguir cambios físicos importantes sin esfuerzo ni constancia. Creo que cuesta desmontar esos mitos porque venden una idea muy atractiva: obtener resultados rápidos y fáciles. También ocurre mucho con la idea de que para estar sano hay que vivir en un control constante de la alimentación o del ejercicio, cuando en realidad la salud tiene más que ver con el equilibrio y la sostenibilidad a largo plazo. A veces, aceptar que no existen fórmulas mágicas y que los cambios reales requieren tiempo es precisamente lo que más cuesta asumir.

 

Dra. Laura Alfaro

Psiconutricionista especializada en Trastornos de la Conducta Alimentaria y directora de la Unidad Integral de la Mujer en HLA Clínica El Rosario.

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