Antonio Flores y Jeff Buckley dialogan en el In-Edit

Antonio Flores y Jeff Buckley dialogan en el In-Edit

El Festival In-Edit, celebrado a finales de 2025, ha juntado el estreno de dos documentales que ceden el testimonio familiar de estos mitos que no vivieron lo suficiente para ver su trascendencia.

POR Laura Martos | 12 Enero 2026

De la misma manera que en España es difícil no recordar a los Flores cuando pensamos en el folclore del país, en Estados Unidos es difícil no recordar a los Buckley —padre e hijo— como emblema musical del rock alternativo. 

En los homenajes que han trabajado meticulosamente Isaki LaCuesta y Elena Molina en Flores para Antonio, y Amy Berg en It’s Never Over, Jeff Buckley –ambos emitidos en el festival In-Edit de Barcelona a finales de 2025 y ya disponibles en plataformas–, descubrimos un diálogo prácticamente invisible de dos artistas llenos de sensibilidad que, salvando las distancias, compartían una visión de la música, y del mundo, muy parecida.

 

Un ‘collage’ de flores para Antonio 

Antonio González Flores nació en Madrid un 14 de noviembre de 1961, en una cuna de artistas venerados por todo un país. Hijo del guitarrista Antonio González Batista –el Pescaílla– y la actriz y cantante Lola Flores, grabó su primer disco, Antonio, con tan solo 19 años. Aunque recibió una avalancha de críticas por su posición privilegiada, debutó con la canción que más se acabaría versionando del artista: No dudaría

La carrera musical del mediano de los Flores, siempre marcada por una fuerte atracción por la experimentación –del rock flamenco al blues y la canción de autor–, pasó más bien desapercibida hasta la publicación de De Ley, el álbum de debut de su hermana Rosario, que había compuesto él en gran parte. Para cuando su propia música alcanzó cierta fama, con la publicación de su último álbum, Cosas mías, posiblemente su trabajo más introspectivo y personal, Antonio ya había consumado (de nuevo) una intensa relación con las drogas.

 

Cosas mías (1994)  Premio Ondas póstumo (1995), 5× disco de platino en España, disco de diamante póstumo (2005) y Premio de la Música por la canción ‘Alba’ (1996).

 

Los últimos meses de su vida se estrechan en un espacio en el que no caben muchas certezas, un hueco que ahora su hija, Alba, ha procurado llenar de anécdotas y pensamientos de sus más allegados en el documental estrenado a finales del año pasado. “Estaba un poco enfadada con él cuando se murió”, le cuenta Alba a su madre, Ana Villa, mientras descubren el material acumulado en unas cajas de recuerdos que no se había atrevido antes a abrir. 

Más allá de los nostálgicos testimonios de su círculo más íntimo, marcado por las voces de sus hermanas Lolita y Rosario, que animan a Alba a preguntar “lo que nunca te has atrevido a preguntar”, la intención sanadora que rodea todo este proyecto es lo que acaba dibujando en collages un personaje mucho más profundo e interesante que el que había quedado oculto tras la trágica narración de su muerte, en 1995.

 

Jeff Buckley antes de ‘Grace’

Como Alba Flores con la canción que lleva su nombre en Cosas mías, Jeffrey Scott Buckley (17 de noviembre de 1966) también tuvo que aferrarse a la letra de una canción que le dedicó su padre, Tim Buckley, cuando apenas era un niño –I Never Asked to Be Your Mountain– para procesar el duelo de su ausencia y trágica muerte (también por sobredosis) con tan solo 28 años. 

Pero fue gracias a esa canción, allá por 1991, que versionó en un concierto homenaje a Tim junto a algunos músicos de la escena downtown neoyorquina, lo que le permitió empezar a frecuentar los escenarios del Sin-é Café. Allí también destacó por sus múltiples versiones de Edith Piaf, Nina Simone o Bob Dylan, y su especial admiración por Nusrat Fateh Ali Khan o Led Zeppelin, con las que demostró un inmenso rango vocal y de géneros que –a su pesar– eran la viva imagen de su padre. También allí enseñaría al mundo por primera vez su versión de Hallelujah, de Leonard Cohen, la canción más escuchada del artista y que, en 1994, añadiría en su primer y único álbum, Grace.

 

Grace (1994)  Grand Prix International du Disque de l’Académie Charles Cros (1995), múltiples nominaciones a los MTV Video Music Awards y Rolling Stone (1995), y repetidamente nombrado en listas de los mejores álbumes de todos los tiempos.

 

Desde la mitificación de ese debut, que alcanzaría el Billboard 200 tras su muerte accidentada, en 1997, y que está considerado uno de los mejores álbumes de la historia, la figura de Jeff ha sido digna de mención durante décadas. Su corta e intensa trayectoria se ha llevado al cine hasta en tres ocasiones, aunque nada se asemeja a la larga espera –quince años para la directora, Amy Berg– de reunir a las tres mujeres protagonistas de su vida –su madre, Mary Guibert, y sus dos amores, Rebecca Moore y Joan Wasser– para que narraran ellas a Jeff desde su perspectiva.

Así, el documental ha surgido como un esperado homenaje que da fe del temprano interés de Buckley por la música, que, según cuenta su madre, podía remontarse a los días de cuna, en los que le oía intentar armonizar con la radio. A pesar de que el relato de este artista esté inevitablemente marcado por la tragedia, su documental también logra que dejemos de pensar unos segundos lo que pudo ser para ver todo lo que sí fue: un punto de referencia moral y artístico, un sonido orgánico que musicalizó la vulnerabilidad frente al grunge que había sobrecargado la década anterior. 

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