Como ocurre a menudo con las expresiones artísticas callejeras, cuesta trazar una línea pulcra que señale el nacimiento del reguetón, pero sus orígenes pueden ubicarse, con amplio consenso, en el Caribe durante los años 90.

De Puerto Rico pa’l mundo: entendiendo la dominación global del Reguetón

El triunfo histórico de Bad Bunny en los últimos premios Grammy y su actuación en el Halftime Show de la Super Bowl son dos hitos culturales que no solo son relevantes por sí mismos, sino que cristalizan el ascenso del reguetón como el gran género musical de nuestro ‘zeitgeist’.

POR Salomé Lagares | 24 Marzo 2026

Dice Benito Antonio Martínez Ocasio que la exportación del reguetón más allá de las fronteras de los territorios hispanohablantes ha convertido la cultura latina (y, en concreto, la puertorriqueña), con su imaginario y sus códigos específicos, en cultura universal. Bueno, en realidad, lo que dice es que “Yo no canto reggae, pero soy cultura / De Borinquen, PR, archipiélago perfecto / En el mundo entero ya conocen mi dialecto”, y lo dice bajo el nombre artístico de Bad Bunny, el máximo exponente de esta nueva generación de artistas latinos que está revolucionando los límites de lo pop. Pero es más o menos lo mismo.

A pesar de que lleva una década cosechando éxitos, el último año ha sido particularmente fructuoso para el cantante boricua: publicó su sexto álbum de estudio, DeBÍ TiRAR MáS FOToS, que recibió críticas excelentes y alcanzó el número uno en las listas de ventas de Estados Unidos, España, Holanda, Suiza o Francia, entre otros países. 

Este mismo disco impulsó la gira internacional de estadios en la que se encuentra embarcado actualmente (12 fechas solo en nuestro país, y en todas ha colgado el cartel de sold out), ganó Álbum del Año en la 26ª entrega de los Grammy Latinos y se llevó el mismo premio en la 68ª edición de los Grammy, convirtiéndose en el primer proyecto en español en ser reconocido con este galardón. 

Además, protagonizó el Halftime Show de la última Super Bowl (el cuarto más visto de la historia): quince minutos que le sirvieron para repasar sus grandes hits (que no son pocos), lanzar pullas a la política migratoria de Donald Trump y confirmarlo, por si a alguien todavía le quedaba alguna duda, como una de las mayores estrellas de nuestros tiempos. 

No se trata de quitarle mérito a Bad Bunny, por supuesto, pero la cosa es que esta vuelta de honor no solo le pertenece a él. El “conejo malo” tenía las cualidades para convertirse en su principal representante —amplio conocimiento de la tradición del género, un carisma desbordante, frescura innata y una garra especial en su propuesta—, pero el fenómeno del reguetón ya había cogido mucha carrerilla. Para entender a dónde ha ido, sin embargo, lo mejor es saber de dónde viene. El artista puertorriqueño se convirtió en el primer solista en interpretar todo el ‘show’ íntegramente en español y logró reunir a una audiencia récord de más de 135 millones de espectadores.

 

Generación mestiza

Como ocurre a menudo con las expresiones artísticas callejeras, cuesta trazar una línea pulcra que señale el nacimiento del reguetón, pero sus orígenes pueden ubicarse, con amplio consenso, en el Caribe durante los años 90. Allí surgió un sonido híbrido que combinaba el dancehall jamaicano (en concreto, el revolucionario ritmo dembow), el reggae en español que se hacía en Panamá y la escena de rap de Puerto Rico (que a su vez bebía directamente del hiphop estadounidense, en especial del movimiento neoyorquino). 

Fueron las distintas migraciones entre territorios y los intercambios culturales los que propiciaron el desarrollo de este género, aunque acabó de cuajar en la isla Borinquen. Sobre todo, debido a la falta de recursos y de una industria musical profesionalizada, a través de cintas caseras y clandestinas (los célebres playeros) que recopilaban temas de varios artistas, seleccionados por figuras clave como DJ Bass, DJ Nelson o el mítico productor Playero. En esa época, el reguetón se conocía como melaza o underground, ya que, desde su concepción, fue un género de mezcla y de los márgenes tanto, que hasta llegó a estar perseguido por el gobierno puertorriqueño porque consideraba que, con sus letras explícitas, promovía estilos de vida inmorales, aunque lo cierto es que los cantantes del momento solo estaban plasmando sus realidades (sexo, drogas y violencia, sí, pero también alteridad y disidencia).

 

Prenden los motores

En esos playeros ya sonaban las rimas de grandes nombres como Héctor “el Father” & Tito, Wisin & Yandel o Nicky Jam, pero no fue hasta la entrada del nuevo milenio cuando se articuló una auténtica escena reguetonera y se consolidó su identidad musical. En el siguiente lustro se publicarían clásicos como Mundo Frío (Lito y Polaco, 2002), El Abayarde (Tego Calderón, 2002) o The Last Don (Don Omar, 2003), pero todos empequeñecen al lado de Barrio Fino de Daddy Yankee, cuyo superéxito Gasolina resultó catalizador de la explosión internacional del reguetón en 2004.

 

El superéxito de ‘Gasolina’, de Daddy Yankee, resultó catalizador de la explosión internacional del reguetón en 2004

 

Una de cal y otra de arena

Hacia finales de la década, el reguetón primigenio empezó a perder popularidad frente a fórmulas como el electrolatino, mientras que, a principios de los 2010, apareció en Colombia una nueva escuela más melódica que se acercaba a las sensibilidades del pop, con artistas como Kevin Roldán, J Balvin, Maluma o Karol G al frente. Fue este pop urbano, más fácil de digerir para audiencias de todo el globo, el que resultó particularmente contagioso y empezó a teñir las discografías de artistas latinos que poco habían tenido que ver con el reguetón anteriormente, como Shakira o Luis Fonsi.

Paralelamente, el auge del trap, que no dejaba de crecer en Estados Unidos, acabó llegando también al sector latino: se estableció, en contraposición a ese pop urbano, una escena mucho más afilada, que recuperaba el sentimiento batallero, las rimas y las producciones duras del reguetón clásico. Aquí se sumaron nombres ya conocidos como Jowell & Randy, Arcángel o Ñengo Flow, y luego destacaron otros como Duki, Anuel AA y, por supuesto, Bad Bunny.

Benito empezó su carrera con temas lánguidos y oscuros, rapeando sin piedad, pero, conforme fue acumulando fans y llegó el momento de publicar su primer álbum, parecía interesado en probar cosas distintas, en explorar, en transformarse. Luego desplegó su “nueva religión”: un reguetón que reconectaba con sus mismas raíces de fusión, de mestizaje, y se movía, impredecible y magnético, por todo tipo de paletas sonoras, sin perder nunca su esencia. Y el resto, como suele decirse, es historia.  

 

Un flechazo universal

Y la historia está muy bien, claro, pero vayamos al quid de la cuestión: ¿por qué nos gusta tanto el reguetón? Existe una respuesta neurocientífica que dice que sus ritmos repetitivos activan muchas más áreas del cerebro que otros estilos de música, pero, realmente, el fenómeno es social, y va más allá: el reguetón es un género de placeres inmediatos, de presencia imperativa y extrema. Está ideado para ser disfrutado con todo nuestro cuerpo y para ser compartido con otras personas. 

Y, en una era de división y desconcierto, de aislamiento y desconexión, ¿no tiene sentido que nos sintamos atraídos por una música de contacto, de comunidad? El reguetón que “se te mete por los intestinos”, como decía Calle 13, nos recuerda que la vida es una fiesta, y todos estamos invitados a bailar. Y eso lo explica todo.

 

Para los ‘haters’: reguetón feminista y experimental

Los detractores del reguetón siempre han justificado su odio con dos argumentos: que es una música simple y que sus letras son machistas, pero hoy en día no es tan fácil defender esta posición. El contexto original del reguetón puede verse como machista porque era el reflejo de una sociedad machista, pero incluso entonces ya destacaban artistas como Ivy Queen, Glory, Farina o La Sista. En los últimos años, sin embargo, el reguetón en femenino ha vivido una auténtica revolución con figuras como Emilia, Natti Natasha, María Becerra o Young Miko, y no tiene miedo de predicar independencia y empoderamiento

KicK III Portadade del álbum de la artista multidisciplinar venezolana Arca (Alejandra Ghersi), a cargo del fotógrafo Frederik Heyma.

Por su parte, otras mujeres como AKRIILA, Ms Nina, La Goony Chonga o Arca estiran, deforman, desdibujan y reescriben el reguetón tanto como quieren, experimentando con el género como nunca antes, y haciendo de ello un juego adictivo.

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