¿Cómo funciona un proceso investigador?
La aplicación de una serie de procedimientos y fases en un estudio clínico ha servido para progresar a pasos agigantados en el hallazgo de nuevas formas de tratar muchas enfermedades.
La medicina ha podido avanzar de forma notable gracias a la aplicación del método científico. Los ensayos clínicos han jugado un importante papel en el descubrimiento de nuevas formas de prevenir, identificar o tratar enfermedades. Normalmente, el ensayo clínico suele partir de una pregunta o un reto lanzado por el grupo investigador, que busca ampliar el conocimiento en un campo determinado.
El primer paso es diseñar un estudio, que incluye un protocolo detallado de actuación. Este debe ser aprobado por un comité de ética o bien por la Junta de Revisión Institucional (IRB), que es un grupo independiente de miembros de la comunidad médica y científica que se encarga de examinar, aprobar y vigilar los procesos de investigación, especialmente cuando se trabaja con seres humanos.
Una vez obtenida la aprobación, llega el momento de la ejecución, que incluye reclutar a un grupo seleccionado de participantes voluntarios, identificados según criterios científicos. Un ejemplo de investigación habitual podría ser la evaluación de la eficacia de un tratamiento mediante un análisis clínico. Para ello, es necesario pasar por una serie de fases (cuatro, en total) que permitan obtener más información sobre su funcionamiento en pacientes, su efectividad, los efectos secundarios que puede provocar, los riesgos que podría conllevar, etc. Por supuesto, los participantes cuentan con derechos y protecciones.
Tipos de análisis clínicos
- Ensayos de prevención: Buscan prevenir la aparición de una enfermedad en personas sanas o la reaparición en pacientes que la tuvieron, pero lograron curarse, mediante la mejora de ciertos indicadores.
- Ensayos sobre calidad de vida: Tratan de identificar factores que sirvan para mejorar la salud general o la situación de personas que padecen una determinada enfermedad.
- Ensayos de detección: Exploran nuevas formas o mejoras en los procesos para la identificación de una dolencia.
- Ensayos de diagnóstico: Buscan obtener modos más precisos o sencillos de diagnosticar una enfermedad.
- Ensayos de tratamiento: Evalúan fármacos o tratamientos (por ejemplo, métodos quirúrgicos o metodologías) para combatir o tratar una enfermedad.
- Ensayos conductuales: Tratan de descubrir formas de promover cambios en la conducta de las personas que contribuyan a mejorar su salud.
Los investigadores diseñan meticulosamente todos los procesos para asegurar que la obtención de datos sea correcta y precisa. A menudo recurren a métodos para verificar que los participantes o investigadores no influyen en el proceso. Así, los estudios denominados “a ciego” o “enmascarados” evitan que los participantes (y a veces también los propios científicos) sepan qué fármaco se ha administrado para no condicionar la respuesta.
La aplicación rigurosa de esta metodología ha servido para que la medicina amplíe su conocimiento de forma exponencial, proponiendo nuevas formas de mejorar la salud de las personas.
España, líder en investigación
Los tiempos del “¡Que inventen ellos!” han quedado definitivamente atrás. Tal como publicaba recientemente la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), España se consolidó en 2025 como el país más activo en investigación clínica dentro de la Unión Europea.
De hecho, nuestro país se ha convertido en un auténtico referente en algunas áreas clave como la investigación de fármacos destinados al tratamiento del cáncer, con un 40% del total de ensayos clínicos autorizados a nivel nacional. También ocupa un lugar destacado en campos que precisan de un alto grado de especialización, como el tratamiento de las enfermedades raras, las terapias avanzadas y el desarrollo de medicamentos innovadores.
En 2025, la AEMPS autorizó un total de 378 ensayos en oncología, desarrollados en hospitales españoles de referencia a nivel europeo. Le siguen en importancia las investigaciones de patologías del sistema inmunitario, con un 10,5% de estudios autorizados; del sistema nervioso, con un 6,9%; de patologías cardiovasculares, con un 6,2%; y de tracto respiratorio, con un 4,4%. Un 22,5% de las investigaciones que se realizaron en nuestro país, además, estaban centradas en enfermedades raras.