¿Sabías que...? El corazón puede seguir latiendo fuera del cuerpo
Mientras el músculo cardíaco reciba oxígeno y nutrientes, seguirá contrayéndose por sí solo, sin conexión al sistema nervioso central.
Cuando una persona muere, su corazón no deja de funcionar de forma inmediata ni definitiva, y de eso depende, precisamente, que existan los trasplantes de corazón. Tras la extracción del órgano de un donante, el equipo médico dispone tradicionalmente de 4 a 6 horas para implantarlo en el receptor, conservándolo en frío para ralentizar su metabolismo. Pasado ese margen, el riesgo de que el corazón falle tras el trasplante aumenta drásticamente.
Un órgano con autonomía propia
Todo eso es posible porque el corazón no necesita al cerebro para latir. La clave es el nódulo sinoauricular, un grupo de células situado en la aurícula derecha que funciona como un marcapasos natural. Este nódulo genera impulsos eléctricos de forma automática y rítmica, entre 60 y 100 veces por minuto, gracias a una propiedad llamada automatismo cardíaco.
Mientras el músculo cardíaco reciba oxígeno y nutrientes, seguirá contrayéndose por sí solo, sin conexión al sistema nervioso central. Por eso, una vez implantado en el receptor y restablecido el flujo sanguíneo, el corazón del donante suele empezar a latir de nuevo por sí mismo, sin necesidad de ningún estímulo externo.
Avances en trasplantes de corazón
Además, con las nuevas máquinas de perfusión ex vivo, conocidas como corazón en caja, el órgano se mantiene latiendo y oxigenado fuera del cuerpo, lo que ha permitido ampliar ese margen y salvar corazones que antes se habrían descartado por la distancia entre donante y receptor.
En laboratorios se han mantenido corazones de cerdo latiendo durante más de una hora conectados a máquinas de perfusión que imitan el entorno del cuerpo, lo que permite estudiar enfermedades cardiovasculares y probar nuevos tratamientos sin necesidad de intervenir en seres vivos.
Este avance ha sido especialmente importante para la donación en asistolia, es decir, tras un fallo definitivo de la circulación, y no por muerte cerebral. En esos casos, existe un breve periodo, llamado isquemia caliente, entre el cese de la circulación y el momento en que el corazón vuelve a recibir oxígeno mediante técnicas de perfusión.
Cuanto más corto es ese periodo, mejor se conserva el tejido cardíaco. Gracias a estos protocolos, este tipo de donación podría aumentar hasta un 10% la disponibilidad de corazones para trasplante en nuestro país.