¿Cómo impacta la IA en el medioambiente?
Organizaciones mundiales alertan de que el impacto ambiental de la IA está aumentando la presión sobre los recursos del planeta.
Hace apenas cuatro años, se lanzó al mercado digital uno de los mayores avances tecnológicos del siglo XXI, que ha transformado por completo la forma en que nos informamos, trabajamos y nos relacionamos en el entorno digital.
A estas alturas, resulta evidente que nos referimos a ChatGPT, el asistente virtual que, en poco tiempo, ha pasado de generar respuestas básicas a analizar información compleja y producir contenidos audiovisuales cada vez más realistas. Su llegada marcó un antes y un después en la expansión global de la inteligencia artificial, hasta el punto de integrarse en diversos sectores y en nuestra vida cotidiana.
Sin embargo, este vertiginoso despliegue también ha incrementado la presión sobre los recursos naturales. Su rápida expansión y la escasez de datos sobre sus consecuencias ecológicas han abierto un debate internacional sobre el impacto ambiental de la IA, que ha llevado a gobiernos y organismos mundiales a alertar sobre los riesgos que plantea e impulsar marcos regulatorios para limitar su huella ecológica.
El coste ambiental de consultar a ChatGPT
Cada vez que hablamos con un asistente virtual, ya sea para hacer una consulta, redactar un documento o generar una imagen, se produce un gasto energético invisible. Cada interacción consume aproximadamente 0,34 vatios-hora.
La razón por la que la IA consume tanta energía se debe principalmente a tres factores:
- El tamaño de los nuevos modelos. Cuanto más complejos y avanzados son los sistemas, más recursos y energía necesitan para procesar la información y generar respuestas.
- El gran volumen de datos de entrenamiento. Los modelos necesitan procesar una cantidad masiva de contenido para aprender patrones y generar respuestas precisas. Este proceso exige una gran capacidad de procesamiento y almacenamiento.
- La infraestructura tecnológica. El entrenamiento y funcionamiento de estos sistemas requiere miles de GPU trabajando de forma simultánea en centros de datos, los cuales consumen grandes cantidades de electricidad y liberan toneladas de CO₂.
Es cierto que los centros de datos son cada vez más eficientes, pero la evolución acelerada de la inteligencia artificial requiere una demanda energética que crece más rápido que los avances en eficiencia.
Los sistemas inteligentes aumentan el estrés hídrico
Hasta la fecha, el debate internacional ha puesto el foco en medir la huella de carbono que producen los grandes modelos de IA y ha dejado en un segundo plano otros efectos ambientales menos visibles. Así lo advierten los autores del informe Coste ambiental del uso energético de la IA de las Naciones Unidas, quienes también alertan sobre el impacto hídrico asociado a estos sistemas.
Además de la refrigeración de los servidores, la huella hídrica de la IA también está vinculada a la producción de la electricidad que alimenta los centros de datos. Según el informe, el impacto sobre los recursos hídricos depende en gran medida del lugar donde se genera esa energía y de las fuentes empleadas para producirla.
Actuar ante el impacto ambiental de la IA
Ante la preocupación por el aumento de la brecha digital, las desigualdades y el impacto ambiental de la IA, en 2021 los países miembros de la UNESCO adoptaron un acuerdo global para promover su desarrollo y uso ético y responsable.
Sin embargo, algunas organizaciones y autoridades internacionales, como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), consideran que las medidas actuales siguen siendo insuficientes para afrontar sus efectos ambientales. Por ello, defienden el desarrollo de estrategias nacionales específicas que integren criterios ambientales y de sostenibilidad.
En este contexto, el PNUMA propone cinco acciones principales para controlar las consecuencias ambientales de la IA a escala global:
- Establecer sistemas que permitan recopilar datos fiables sobre el impacto ambiental de la IA.
- Incrementar la transparencia de las empresas tecnológicas respecto a los costes ambientales asociados a sus herramientas y servicios.
- Mejorar la eficiencia de las infraestructuras de la IA para reducir el consumo de recursos.
- Ecologizar los centros de datos de las empresas tecnológicas, por ejemplo, mediante el uso de energías renovables.
- Incorporar la sostenibilidad como un eje central de las políticas públicas relacionadas con la IA.
¿Un posible futuro donde la IA contribuye al planeta?
En medio del debate público sobre los efectos negativos y el impacto ambiental de la IA, surge una cuestión que podría redefinir esta conversación: ¿puede esta tecnología convertirse en una aliada de la sostenibilidad?
Para algunos expertos, la respuesta es sí. Defienden que la capacidad de la inteligencia artificial para analizar y procesar grandes volúmenes de datos puede ayudar a abordar algunos de los desafíos asociados a la crisis climática.
De hecho, ya se han implementado sistemas inteligentes en proyectos de protección y vigilancia ambiental, como los desarrollados en la Amazonia brasileña. Durante su primer año de funcionamiento, la herramienta ayudó a identificar el 99 % de la deforestación ilegal y a detectar 15.000 km² de áreas forestales de alto riesgo, de las cuales se logró preservar el 71 %.
Siguiendo esta línea, estas son otras formas en las que la IA está contribuyendo a la salud del planeta, según recoge el Foro Económico Mundial:
Si bien los efectos negativos y el impacto ambiental de la IA superan, en su mayoría, las oportunidades que esta ofrece, los nuevos avances desplegados están planteando un futuro en el que podría redefinirse la percepción de esta tecnología como una aliada climática.
