El regreso al hogar de Odiseo
Además de convertirse en el fenómeno cinematográfico del año, ‘La Odisea’ de Nolan ha reavivado la pasión por un clásico que relata el viaje más épico de la literatura.
Mitología y realidad, historia y fantasía se entremezclan en la narración que hizo Homero del regreso a casa de los griegos tras la guerra de Troya. Arqueólogos y cartógrafos sueñan, desde hace siglos, con plasmar en un mapa la mítica ruta de La Odisea; uno de los que han ganado más adeptos en los últimos años es el que propone Peter T. Struck, de la Universidad de Pennsylvania, que recorremos en este artículo.
De Troya al país de los lotófagos
En 1870, Heinrich Schliemann realizó uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de la historia: la imponente Troya de Homero fue real. Sus ruinas están en la localidad turca de Hisarlık. Es desde allí donde Odiseo, tras diez años de una guerra a la que él mismo contribuyó decisivamente a terminar con su ardid del caballo de madera, parte para regresar a Ítaca.
Lo hace con una flota de doce naves que recala en Thrace, en los Balcanes. En esta localidad, que Homero bautiza como Ismaro, la tripulación saquea la ciudad y secuestra a sus mujeres; la venganza de los locales deja decenas de muertos entre los griegos.
En cabo Malea, al sudeste del Peloponeso, los fuertes vientos hacen perder el rumbo a los marineros, que se ven obligados a soportar diez días de terribles tempestades en la vecina Citera. En la isla tunecina de Jerba, según Struck, se hallaría el enclave habitado por los lotófagos, que se alimentaban de una flor que borraba la memoria. Tras consumirla, la tripulación decide que no quiere volver a casa, pero Odiseo los embarca a la fuerza.
La ira del dios del mar
Es en Sicilia, cerca del monte Etna, donde Odiseo sella su suerte: para salvar a sus hombres del cíclope Polifemo, clava una estaca en su único ojo, dejándolo ciego. Eso desata la ira del padre del gigante, nada menos que el dios Poseidón, que atiende la plegaria de su hijo: que Odiseo no regrese a su patria o que, si lo hace, sea tras perder a todos sus compañeros. Sin dejar Sicilia estaría la homérica isla de Eolia, donde la tripulación abre el saco de los vientos y vuelve a perder el rumbo.
En la tierra de los lestrigones, que Struck ubica en el norte de África, tiene lugar una auténtica carnicería: estos gigantes caníbales destruyen a la flota y devoran a la mayor parte de la tripulación. De doce barcos, tan solo el del héroe logra escapar. Esa única nave continúa su viaje hacia uno de los escenarios más emblemáticos de La Odisea, Eea. A diferencia de Bérard, que la ubicaba en el sur de Italia, Struck la sitúa en las Baleares.
Del hechizo de Circe hasta el castigo de Zeus
Aquí, la hechicera Circe convierte a los griegos en cerdos, pero, gracias a una poción que le regala el dios Hermes, Odiseo resiste la magia de la diosa y la obliga a liberar a sus hombres. Tras reconciliarse, disfrutan de su hospitalidad durante un año; antes de dejarlos marchar, Circe indica a Odiseo que debe descender al inframundo para consultar al adivino Tirésias.
Si tradicionalmente este se ubicaba en Nápoles, Struck enclava el Hades cerca del delta del Ebro. Aquí, el adivino le revela las pruebas a las que lo someterá Poseidón y le advierte de no tocar el ganado del dios Helios.
En aguas de Cerdeña, el héroe resiste el peligroso canto mágico de las sirenas, que pretenden arrastrarlo al fondo del mar, atado al mástil del barco y con tapones de cera en las orejas. En el estrecho de Messina, la tripulación debe navegar entre Escila –un monstruo con seis cabezas amenazantes que devoraba marineros– y Caribdis –que creaba un remolino gigante– para llegar a Trinacia. En esta isla, la tripulación, desoyendo a Circe, roba el ganado de Helios; Zeus los castiga matándoles a todos, dejando al héroe solo.
El retorno final de Odiseo a Ítaca
En Ogigia, que Strack ubica en la costa valenciana, Odiseo vive un romance de siete años con la ninfa Calipso, que le promete (infructuosamente) la inmortalidad si se queda a su lado, pero la nostalgia de la patria puede más y el héroe parte de nuevo.
Tras una brutal tormenta enviada por Poseidón, Odiseo llega exhausto a las costas de la isla de los Feacios, Córcega, donde yace en la orilla hasta que lo encuentra la princesa Nausicaa, que le ayudará a llegar a Ítaca. Al regreso a su hogar, y tras disfrazarse de mendigo, acaba con los pretendientes de Penélope y pone fin a todos sus sufrimientos y a una de las mayores epopeyas de la literatura.