Estaciones de metro que parecen obras de arte
En Europa, se esconden estaciones de metro que parecen obras de arte sacadas de un museo. Estas son seis de ellas que merecen la pena visitar.
Cuando visitamos una ciudad, es normal que en nuestra lista aparezcan monumentos históricos, grandes museos o restaurantes emblemáticos. Pero, ¿por qué no incluir también algunas estaciones de metro? Más allá de su funcionalidad, en Europa existen estaciones de metro que parecen obras de arte auténticas.
En 1863 nace el primer sistema de metro
En 1843, el político y visionario Charles Pearson propuso la construcción de túneles subterráneos para mejorar el tráfico de las calles londinenses. Casi 20 años después, en 1860, el parlamento inglés autorizó la construcción del Metropolitan Railway, que se inauguró en 1863, en plena revolución urbana, y fue un ejemplo revolucionario para Europa. No obstante, en ese entonces, la concepción del metro moderno aún estaba lejos.
Londres fue la primera ciudad en usar trenes de vapor para circular bajo tierra y fue todo un éxito. Cinco años después, la compañía ferroviaria abrió una segunda línea de transporte. A Londres le siguieron otras ciudades como Glasgow, París, Madrid y ciudades americanas como Boston y Nueva York. Sin embargo, el primer metro completamente electrificado fue en la capital de Hungría, que se inauguró en 1896.
Actualmente, las estaciones de metro son un lugar de paso y de espera, de despedidas y recibimientos, de inicios y puntos finales. Cada día, miles de personas recorren sus pasillos y andenes para desplazarse de un punto a otro de la ciudad. Con el paso del tiempo, también han sido el reflejo del desarrollo económico y social de las ciudades.
Sin embargo, en muchas ocasiones, su arquitectura y diseño esconden una gran riqueza artística e histórica y reflejan el estilo de la ciudad. Basta con levantar la mirada para descubrir auténticas joyas arquitectónicas escondidas bajo tierra.
6 estaciones de metro europeas que parecen obras de arte
Estación de Komsomólskaya, Rúsia
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El Metro de Moscú fue inaugurado en 1935, bajo la dictadura estalinista y el deseo de mostrar al mundo el poder soviético. Así, se construyeron no solo estaciones, sino auténticos palacios decorados con paredes de mármol, techos altos, esculturas imponentes y lámparas majestuosas. Algunas, incluso, han sido comparadas con palacios europeos.
Durante la Gran Guerra Patria (1941-1945), estos edificios sirvieron de refugio y hogar para muchos moscovitas. En su interior se encontraban tiendas, peluquerías, bibliotecas e incluso se realizaban conciertos.
La estación de Komsomólskaya fue diseñada como puerta de entrada a la ciudad para recibir a los viajeros procedentes del centro de transportes más activo de Moscú. Lo más imponente de este edificio es su imponente techo barroco, pintado de amarillo pálido y decorado con relieves florales blancos.
Estación de Toledo, Nápoles
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Como salida de un lienzo, la estación de Toledo convierte el acto rutinario de coger el metro en una experiencia agradable y visualmente sorprendente. A 50 metros bajo tierra, esta parada de la línea 1 napolitana alberga la obra del arquitecto Tusquets Blanca, inaugurada en 2012.
Al abandonar el andén y subir por escaleras mecánicas, las paredes de mosaico se tiñen de salpicadas blancas y distintos tonos azulados. El recorrido asciende bajo un enorme cráter que cubre el techo, iluminado en su interior con luces LED azules. La arquitectura, marcada por líneas curvas y suaves, evoca el repicar de las olas y transforma el mundo subterráneo en un viaje marino y envolvente.
Estación Westfriedhof, Alemania
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La estación de Westfriedhof se encuentra en el popular distrito de Moosach, Múnich, y fue inaugurada en 1998. A simple vista, las paredes de hormigón y el acero que forma los muebles y el techo hacen que parezca un pabellón de fábrica convertido en estación. Pero, cuando caminas por el andén, unas cúpulas suspendidas en el techo dan vida y calidez a la arquitectura de estilo modernista industrial.
Del techo cuelgan 11 lámparas inmensas que emiten un resplandor de neón rojo y amarillo, al mismo tiempo que proyectan sombras en el interior de la estación. El artista Ingor Maurer fue el encargado del diseño de la iluminación, que se instaló en 2001. En 2009, Maurer añadió un nuevo sistema de luces azules que proporcionan la ambientación azulada tan característica de la estación Westfriedhof.
Estación de Olaias, Lisboa
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Más allá de la belleza de Lisboa, con sus miradores, sus calles irregulares, los característicos azulejos en su arquitectura o los deliciosos pastéis de Belém, bajo tierra se encuentra otra verdadera joya de la ciudad para visitar, la estación de Olaias. Se trata de una de las 56 estaciones que conectan la ciudad, firmada por el arquitecto Tomás Taveira, quien creó una auténtica obra maestra de arte contemporáneo.
La estación fue inaugurada en 1998 junto a otras estaciones con motivo de la construcción de la línea roja de Lisboa, que iba a conectar la zona de la Expo ’98. El diseño, a base de revestimientos de cerámica, colores vívidos y formas geométricas divertidas, da vida a la rutina diaria y convierte la estación en un atractivo turístico de la ciudad.
Estación Paco de Lucía, Madrid
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En 2014 se inauguró, en la línea 9, una estación en conmemoración al guitarrista y compositor flamenco Paco de Lucía. La parada contiene un mural del rostro del compositor de más de 300 metros con un diseño colorista y se inauguró bajo el nombre “Entre dos universos”, haciendo referencia a su tema “Entre dos aguas”.
El encargo fue realizado por los artistas urbanos Rosh333 y Okuda y es un homenaje a la trayectoria del artista que forma parte de la historia musical de la península.
Estación Arts et Métiers de París
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En la línea 11 de París, se encuentra una de las paradas más atractivas y cautivadoras de la capital. Se trata de la estación Arts et Métiers, con una estética steampunk minimalista recubierta con cobre y remaches, que recuerda a una cápsula del tiempo. ¿Pero qué representa realmente?
Antes de 1994, el andén compartía la misma estética del resto de estaciones parisinas, revestida con los típicos azulejos blancos. Sin embargo, a partir de ese año, fue reformada para celebrar el bicentenario del Conservatoire national des Arts et Métiers. El proyecto, a cargo del Conservatorio de Artes y Oficios, transformó el espacio a las obras de Julio Verne, especialmente al submarino Nautilus, considerado un símbolo del progreso técnico. El diseño arquitectónico está compuesto de minuciosos detalles, como engranajes y mecanismos integrados en la bóveda, que convierten la estación en la puerta a un mundo retrofuturista.