¿Sabías que...? La gripe española fue la pandemia más mortífera después de la peste negra
Se estima que la gripe española causó entre 50 y 100 millones de muertes debido a su propagación durante la Primera Guerra Mundial.
A lo largo de la historia, pocas fuerzas han moldeado la demografía y la sociedad humana con tanta brutalidad como las epidemias. El ejemplo más aterrador sigue siendo la peste negra (1347-1351), que, en solo cuatro años, borró del mapa a un estimado de entre el 30% y el 60% de la población europea, reconfigurando el mundo medieval.
Sin embargo, muchos siglos después, en pleno siglo XX, la humanidad se enfrentó a un asesino microscópico casi igual de eficiente: la mal llamada gripe española de 1918. Irónicamente, la gripe no se originó en España; emergió en los últimos meses de la Primera Guerra Mundial –se debate si en un campamento militar en EE. UU. o en Francia– pero fue la prensa española la que, libre de censura militar, informó abiertamente sobre la enfermedad que estaba diezmando a la población e incluso afectando al rey Alfonso XIII.
Una expansión inevitable
Esta cepa del virus de la gripe (H1N1) fue única y aterradora. A diferencia de la gripe común, que afecta principalmente a niños y ancianos, la de 1918 atacaba con virulencia a jóvenes sanos (entre 20 y 40 años). El virus provocaba una “tormenta de citoquinas”, una sobrerreacción del sistema inmunitario que hacía que los pulmones se llenaran de líquido, llevando a una neumonía devastadora y a la muerte por asfixia en cuestión de días, o incluso horas.
El contexto bélico fue su mejor aliado. El movimiento masivo de tropas en barcos y trenes por todo el mundo diseminó el virus a una velocidad sin precedentes. En aproximadamente dos años (1918-1920), y en tres oleadas mortales, infectó a un tercio de la población mundial (unos 500 millones de personas). Se estima que mató entre 50 y 100 millones de personas en todo el globo, superando con creces las muertes totales de la Primera Guerra Mundial.
Sin vacunas ni antibióticos para tratar las neumonías secundarias, la única defensa era el aislamiento, las mascarillas de gasa y la cuarentena. La pandemia finalmente se desvaneció: el virus mutó a cepas menos letales y la inmunidad de los supervivientes frenó su avance.
Aunque hoy contamos con vacunas anuales y antivirales, la gripe no ha desaparecido. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la gripe estacional sigue causando entre 290.000 y 650.000 muertes respiratorias cada año en el mundo. La lección de 1918 es la base de la vigilancia epidemiológica moderna, un recordatorio de la velocidad con la que un virus respiratorio puede poner en jaque al planeta.