Un estudio publicado en 2017 revisó el estado del arte de los dispositivos médicos basados en estructuras de origami y analizó sus aplicaciones en la última década.

¿Sabías que...? El origami se usa actualmente en la medicina

Los investigadores destacan su utilidad en campos como la cardiología intervencionista y la microcirugía gastrointestinal por su formato compacto.

POR Compartir | 08 Abril 2026

El arte japonés del plegado se ha convertido en una inesperada fuente de inspiración para diseñar dispositivos médicos avanzados. Aunque solemos asociarlo a figuras decorativas, el origami es, en esencia, un sistema geométrico capaz de transformar una lámina plana en estructuras tridimensionales complejas mediante patrones de pliegue precisos. Esa misma lógica —plegar para ocupar poco espacio y desplegar después con exactitud— es la que hoy impulsa una nueva generación de tecnologías biomédicas.

Sus orígenes se remontan a siglos atrás en Japón, donde el papel era un material valioso y su uso estaba inicialmente ligado a ceremonias religiosas y a la vida cortesana. Una de las historias más conocidas asociadas al origami es la de la niña de las mil grullas, vinculada a la figura de Sadako Sasaki, quien, tras enfermar por la radiación de la bomba de Hiroshima, comenzó a doblar grullas con la esperanza de recuperarse. Así, en la tradición japonesa, las mil grullas se consolidaron como un emblema universal de deseo de un futuro mejor. Y resulta que esta historia no queda tan lejos de la realidad científica. 

Un estudio publicado en 2017 revisó el estado del arte de los dispositivos médicos basados en estructuras de origami y analizó sus aplicaciones en la última década. Los investigadores destacan su utilidad en campos tan diversos como la cardiología intervencionista, los stent grafts vasculares, la microcirugía gastrointestinal, los dispositivos de encapsulación, los microgrippers quirúrgicos, la microfluídica o los sistemas de liberación controlada de fármacos.

Estos dispositivos pueden introducirse en el cuerpo en un formato compacto, a través de un catéter o una pequeña incisión, y desplegarse después hasta alcanzar un mayor volumen o una forma funcional específica. Esto reduce la invasividad, mejora la adaptación anatómica y minimiza el daño a los tejidos.

El estudio también señala que el avance no depende solo del diseño geométrico, sino de materiales biocompatibles adecuados, técnicas de fabricación precisas y modelos computacionales capaces de predecir el comportamiento del plegado y la expansión. Aún existen retos —desde la producción a escala hasta su implantación clínica—, pero la investigación progresa rápidamente. 

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