El frío disminuye la movilidad articular, produce hinchazón y provoca rigidez muscular.

¿Cómo afecta el frío a nuestras articulaciones?

Aunque las bajas temperaturas no son la causa directa de la artritis y otras enfermedades reumáticas, sí pueden intensificar la sensación de dolor.

POR Alba Mora | 15 Enero 2026

No hace falta viajar hasta Siberia para notar las consecuencias del frío. Con la llegada del invierno, quien más quien menos coge algún resfriado. Es momento de vacunarnos contra la gripe y de rescatar el gorro para taparnos bien las orejas y evitar los molestos sabañones.

Las bajas temperaturas tienen otros efectos en nuestro cuerpo que a menudo pasamos por alto. El clima gélido puede llegar a ser especialmente doloroso para las personas con enfermedades articulares degenerativas como la artritis. Por suerte, existen formas de protegerse del frío y sus consecuencias.

 

Los efectos del frío en nuestras articulaciones

La exposición a las bajas temperaturas tiene un impacto directo en nuestras articulaciones y en los tejidos que las rodean. Cuando pasamos frío, así reacciona nuestro cuerpo:

  • Los músculos se contraen como mecanismo de defensa para mantener una temperatura corporal óptima.
  • Las arterias se contraen y se reduce el flujo sanguíneo, por lo que llega menos sangre a los músculos.
  • Aumenta la tensión muscular, lo que lleva a una mayor percepción del dolor.
  • Las articulaciones están más rígidas y más débiles.
  • El líquido sinovial de las articulaciones se vuelve más espeso, lo que provoca una pérdida de la movilidad articular.
  • Disminuye la producción de colágeno, una proteína clave para dar soporte a los tejidos y favorecer su regeneración.
  • La falta de movimiento típica de los meses de invierno empeora la salud de las articulaciones, que se vuelven más rígidas.

Además del frío, la bajada de la presión atmosférica y la humedad son otras condiciones meteorológicas típicas del invierno que pueden tener un efecto directo en el dolor articular. Cuando disminuye la presión barométrica, los tejidos alrededor de las articulaciones se expanden, lo que provoca dolor en las zonas inflamadas en personas que padecen enfermedades articulares.

 

Cómo afecta el frío a las personas con artritis

Aunque no existe evidencia científica sólida que explique por qué, los cambios estacionales pueden desencadenar brotes en personas con artritis y otras condiciones que afectan las articulaciones. Con la llegada del invierno, suele ser habitual que los pacientes noten que sus síntomas se intensifican.

El frío disminuye la movilidad articular, produce hinchazón y provoca rigidez muscular. Las bajas temperaturas también son culpables de una menor circulación sanguínea y de una expansión de los tejidos corporales. Además, en invierno, suele reducirse la actividad física. Todo ello hace que el dolor aumente.

 

¿Puede el frío causar enfermedades articulares?

El clima frío no es el causante ni el desencadenante de enfermedades articulares como la artritis o la artrosis ni de otras patologías que causan dolor articular, como la fibromialgia o la polimialgia reumática. Lo que hacen las bajas temperaturas es intensificar la sensación de dolor en personas diagnosticadas.

 

Cómo protegerse del frío

Para evitar sufrir las consecuencias del frío en nuestro cuerpo y nuestra salud, se pueden tomar algunas medidas:

  • Abrigarse bien y evitar los cambios de temperatura.
  • Hidratarse con regularidad para lubricar las articulaciones.
  • Beber bebidas calientes (caldos, infusiones…) para mantener una temperatura corporal óptima.
  • Tomar vitamina D, sobre todo en lugares con poco sol.
  • Mantener una dieta saludable, equilibrada y llena de antioxidantes, colágeno y alimentos antiinflamatorios.
  • Hacer una actividad física moderada, pero evitar esfuerzos bruscos en exteriores.
  • Evitar situaciones de estrés y practicar ejercicios de relajación.
  • Descansar y dormir bien.
  • Aplicar calor en las zonas con dolor articular.

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