El bienestar surgió de las recomendaciones institucionales de mantenerse saludable

¿De qué hablamos cuando hablamos de bienestar?

La cultura del bienestar se ha convertido en un fenómeno que ha transformado la forma de relacionarnos con nuestro cuerpo, promoviendo todo tipo de hábitos bajo la premisa de optimizar la salud física y emocional.

POR Enric Ros | 01 Julio 2026

Vivimos en un mundo acelerado: tasas de estrés elevadas, sedentarismo creciente y hábitos poco saludables. Pero frente a un posible caos, la llamada cultura del bienestar ha surgido como el elixir para todos los males contemporáneos, una solución moral y práctica que solo depende de la capacidad individual de estructurar bien el tiempo. Las opciones son infinitas: desde dietas a intervenciones farmacológicas, pasando por planes de entrenamiento, suplementación alimentaria y técnicas de relajación; la optimización de la rutina se ha convertido en la clave para conseguir el equilibrio.

En el último año, por ejemplo, los espacios diseñados para promover el bienestar han aumentado un 15,8 %, el turismo de bienestar un 10,2 %, las aplicaciones relacionadas con la salud mental un 12,2 % y las inversiones en el sector de la actividad física un 5,6 %, según un informe de OBS. 

El cuidado de la salud se ha convertido en una prioridad individual e incluso en una demanda, que ha llevado a otros ámbitos, como el laboral, a adaptarse a estas preferencias e incluir, entre sus beneficios, programas de nutrición y deporte.

 

Entre salud e imagen

“Desde un punto de vista médico, que las personas quieran ganar masa muscular para el día a día y para la salud ósea está bien, pero yo creo que también hay una parte muy importante de imagen, de cómo nos ven desde fuera, más que de salud. Una gran mayoría no hace ejercicio pensando en prevenir la osteoporosis o la osteopenia”, afirma la Dra. Virginia Pagés, especialista en medicina del deporte del Hospital de Barcelona. ¿Pero quiere decir eso que la búsqueda del bienestar no tiene nada que ver con la búsqueda de la salud? Para nada. 

En algunos países, el bienestar surgió como resultado de las recomendaciones institucionales de mantenerse saludable –la acuñada biopolítica de Foucault, criticada recientemente por el Nobel Byung-Chul Han en La sociedad del cansancio–, calando especialmente en las sociedades europeas de los años 80 y 90. En otros países, como Estados Unidos, el término bienestar hizo referencia durante décadas a la resistencia de los colectivos minoritarios que tenían un acceso muy limitado a la asistencia médica, un “acto de autopreservación”, tal como lo defendía la escritora Audre Lorde.

Por lo tanto, aunque no es posible trazar un momento exacto en que los conceptos de “salud” y “bienestar” convergieran definitivamente, lo cierto es que siempre han dialogado entre ellos, aunque tengan sus claros matices: “Cuando hablamos de salud nos referimos a la ausencia de enfermedad física y/o mental, mientras que el término bienestar abarca además aspectos emocionales, sociales, laborales e incluso personales”, explica Laura Alfaro, psiconutricionista de HLA Clínica El Rosario. 

Sin embargo, la cultura del bienestar constituye un fenómeno global que promueve una “idea del campo de la autoayuda”, tal como lo define Carl Cederström, profesor de la Universidad de Estocolmo y coautor de The Wellness Syndrome, en la que “intentamos alcanzar algún tipo de estado ideal”. Este bienestar moderno tiene un poco de salud y un poco de belleza.

 

¿“Estar sano” ha sido siempre lo mismo?

En el ámbito médico, la palabra “salud” se ha relacionado comúnmente con el concepto de funcionalidad, es decir, de que el cuerpo responda fácilmente a las prácticas que llevamos a diario. “Esa es la razón por la que encontramos ciertos modelos o patrones físicos en momentos de la historia en los que todavía no existían las desigualdades”, afirma Marga Sánchez Romero, arqueóloga y autora de Lo que el cuerpo nos cuenta. "Si vamos a la prehistoria, encontramos la esteatopigia, la acumulación de grasa en la zona del abdomen con la que se representa a las mujeres de la época. Ese era el modelo saludable, porque de forma natural se acumulaba la grasa en un lugar que no impedía la movilidad, y eso nos hacía más eficientes a la hora de tener hijos y criar”.

Sin embargo, el cuerpo siempre ha sido también social y político. “Modelos de mujer han existido en todos los momentos históricos; cada etapa tiene un modelo estético de mujer que corresponde a un modelo ético también”. Lo que hoy entendemos por un cuerpo saludable es, en parte, el resultado de una construcción histórica que continúa transformándose con el tiempo.

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