¿Cómo se regeneran los bosques tras un incendio?
En 2025 se quemaron casi 400.000 hectáreas forestales en España, la peor temporada de incendios del país en los últimos 30 años.
Un incendio es capaz de devorar miles de hectáreas de vegetación en pocas horas y, factores como el viento, hacen que la expansión sea más rápida y devastadora. Las llamas arrasan con el paisaje y producen un desequilibrio que pone en peligro la fauna autóctona que habita en él, así como nuestra salud.
La principal causa de estos siniestros se debe al factor humano, ya sea de forma intencionada o por negligencia. Los cigarrillos desechados incorrectamente, las hogueras descontroladas o los residuos abandonados en el bosque pueden causar una gran catástrofe en cuestión de minutos. Entre las causas naturales, el principal factor se debe a los impactos de rayos en árboles.
En el último año, se registraron más de 7.000 incendios en España y 391.089 hectáreas quemadas. Se trata del segundo incendio más extenso registrado, después de las perturbaciones ocurridas en 1985 que afectaron a casi 500.000 hectáreas de vegetación. Así lo muestran los datos recopilados por la Fundación PostFire.
El fuego masivo emite grandes cantidades de CO₂ que provocan problemas respiratorios y empeoran el estrés e insomnio. Este, además, aumenta las temperaturas y empeora el cambio climático que, a su vez, intensifica la aparición de incendios.
El proceso de recuperación empieza en el suelo
El suelo es el recurso que puede sufrir más daños irreversibles tras un incendio y el único que puede hacer posible restablecer la vida en la zona afectada. Tras un incendio, el suelo queda descubierto y se debilita. Esto se debe a que la mayor parte de nutrientes se encuentra en la superficie y, debido a factores meteorológicos, esta se va erosionando y perdiendo fertilidad.
Para evitar su degradación, es esencial conservar la capa de cenizas y madera quemada que se extiende por el suelo. Estos restos contienen minerales y material orgánico que favorece la recuperación de la vegetación, tal y como lo recoge la ONG Reforesta.
A continuación, se establece un período de 1 a 3 años para fomentar la regeneración de la naturaleza, según explican desde la fundación Ecolec. Al mismo tiempo, se realizan actividades para facilitar el proceso, como la eliminación de especies invasoras, acciones de plantación, clareo y recuperación de bosques autóctonos.
Por último, aproximadamente tres años después de la catástrofe, comienza la verdadera restauración forestal. Esta etapa se centra en garantizar que los sistemas puedan mantenerse por sí solos de forma similar a su estado original.
Regeneración natural frente a la asistida
La recuperación de un área quemada depende de la severidad del incendio y el potencial de regeneración natural del ecosistema. Así, antes de iniciar cualquier proceso de regeneración, se evalúa el estado del suelo, el tipo de vegetación y la presencia de semillas o plántulas. En los incendios más leves, donde el fuego no ha arrasado completamente con todas las especies, los bosques pueden volver a brotar por sí solos con el tiempo.
Por otra parte, los incendios reiterados o muy virulentos afectan a la reaparición del bosque e incluso eliminan la posibilidad de recuperación natural. En estos casos, se recurre a la regeneración asistida, es decir, se siembran las especies nativas para repoblar la zona afectada. La replantación debe realizarse en muy pocas ocasiones y hay que fomentar el desarrollo natural para fomentar la diversidad del bosque.
Sin embargo, diversos estudios avalan que la intervención humana puntual mejora su resiliencia. Los bosques que aparecen después de un incendio son jóvenes y a menudo muy densos, lo que los hace aún más vulnerables frente a nuevos incendios, sequías u otras perturbaciones. La gestión forestal -como eliminación de especies invasoras- potencia la recuperación espontánea de la vegetación.
La clave es la prevención
Cuando se produce una catástrofe de esta magnitud, esta no solo afecta a la vegetación presente, sino que también altera el equilibrio del ecosistema. Las llamas destruyen el hábitat de muchas especies y sus fuentes de alimento, lo que puede provocar incluso la extinción local de algunos animales. Además, la restauración del territorio es un proceso muy lento, complejo y costoso.
Para evitar estos hechos, lo más importante es prevenirlos. En ese sentido, es fundamental extremar las precauciones durante la época de mayor riesgo de quemas forestales, que abarca, principalmente, de principios de junio hasta octubre. Asimismo, ante la presencia de un incendio, hay que llamar inmediatamente al 112 y alejarse del fuego lo más rápido posible, siempre en dirección contraria al viento y siguiendo las recomendaciones de los servicios de emergencia.
Consejos para evitar incendios forestales en verano
No tirar colillas en el suelo
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Fumar en el bosque o en sus alrededores es altamente peligroso. No se deben arrojar los restos de cigarrillo al suelo ni a través de la ventanilla del coche, ya que el viento puede transportarlos y activar un incendio.
No hacer fuego en épocas críticas
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Aunque se haga bajo control, las llamas pueden llegar a descontrolarse y provocar un fuego en pocos minutos.
No abandonar residuos que puedan provocar un incendio
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Por ejemplo, botellas y objetos de cristal. Estos actúan como una lupa y pueden desencadenar rápidamente una catástrofe.
No aparcar encima de la vegetación
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Los tubos de escape son un catalizador de incendios, ya que están a muy alta temperatura y pueden encender la hierba seca.