Después de la COP30: ¿cuál es el futuro de la reducción de emisiones?
La cumbre clausuró con una estrategia de reducción de emisiones poco clara, junto a la salida de Estados Unidos y sin alusiones a combustibles fósiles. ¿Qué destino depara al planeta?
El pasado mes de noviembre, 198 países se reunieron en la 30.ª Cumbre del Clima de las Naciones Unidas (COP30) de Brasil para acordar nuevas medidas contra el calentamiento global y garantizar una reducción de emisiones real.
Este encuentro pretendía ser un antes y un después para el cambio climático. Además, coincidió con el décimo aniversario del Acuerdo de París, donde se estableció que el aumento de la temperatura del planeta no debería superar más de 1,5 °C respecto a la temperatura previa a la era industrial.
Un pulso a la COP 30 y a la reducción de emisiones
Las cumbres del clima buscan acordar acciones concretas para frenar el cambio climático y acordar compromisos globales. Pese a las expectativas internacionales de avances ambiciosos y claros, las negociaciones se cerraron en un “acuerdo de mínimos”, sin la presencia de Estados Unidos y sin mencionar los combustibles fósiles.
La exclusión y la falta de consenso sobre el petróleo, el carbón y el gas natural han generado tensiones entre los más de 80 países que respaldaron la transición energética sostenible. Esta cuestión lleva bajo lupa durante años debido a la resistencia política a señalar directamente a los combustibles fósiles, pese a su probada responsabilidad en el calentamiento global y en los fenómenos meteorológicos extremos.
¿Y Estados Unidos?
La cuestión estadounidense es especialmente delicada. La ausencia de representantes norteamericanos en la COP30 aumentó la incertidumbre sobre los objetivos climáticos internacionales. A esto se suma la segunda retirada del país del Acuerdo de País y de 66 organizaciones internacionales, algunas de ellas relacionadas con la lucha del medioambiente.
En su último mandato, la administración Biden consiguió grandes avances en materia de reducción de emisiones, estableciendo la meta de reducir las emisiones entre un 61 y un 66 % para 2035 (respecto a 2005).
A pesar de los esfuerzos, el retorno de Trump como presidente ha supuesto un riesgo para los principales objetivos climáticos. El presidente ya ha manifestado su escepticismo sobre el cambio climático y ha tachado las políticas verdes de “conspiración”. Actualmente, el país norteamericano es el segundo mayor emisor de CO2.
¿Qué posible futuro le espera al planeta?
Los análisis climáticos más recientes coinciden en que el calentamiento global continúa intensificándose. De hecho, los expertos han advertido que el 2025 se sitúa entre el segundo y el tercer año más cálido jamás registrado.
La temperatura media global se ha mantenido muy cerca —e incluso por encima en algunos periodos— del umbral de 1,5 °C, un límite que muchos científicos consideraban lejano y que, según las estimaciones, no se superaría hasta décadas más adelante. Sin embargo, la creciente aceleración del cambio climático ha trastornado las teorías y acelerado el futuro crítico para el planeta.
Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), sería posible una reducción de emisiones de CO₂ de hasta 31 gigatoneladas de equivalente para 2030. Esta cifra representaría cerca del 52% de las emisiones globales de 2023.
Para alcanzar este objetivo, entran en juego, sobre todo, las energías renovables, la electrificación del transporte y las industrias o la eficiencia energética. Sin embargo, los compromisos actuales aún están lejos de esa meta.
De hecho, si se mantienen las políticas actuales, el planeta se encamina hacia un calentamiento de hasta 2,5 °C para finales de siglo y, a pesar de ser una cifra ligeramente más positiva que el último pronóstico, no será suficiente para frenar las sequías, las inundaciones y otros fenómenos meteorológicos extremos.