Cuando la exposición es frecuente, estos efectos pueden dejar de ser puntuales y convertirse en un problema persistente si no se protege adecuadamente la piel.

Así afecta el cloro de piscina a nuestra piel

Picazón, irritación o eczema son algunas de las molestias que puede causar el cloro de piscina cuando entra en contacto con nuestra barrera cutánea.

POR Compartir | 29 Junio 2026

El cloro de piscina es un potente desinfectante que mantiene el agua libre de hongos, bacterias y otros microorganismos responsables de infecciones como la dermatitis, la otitis o algunos problemas digestivos. Gracias a él, podemos disfrutar de baños refrescantes en verano y practicar natación durante todo el año con seguridad.

De hecho, la natación es un ejercicio muy beneficioso para la salud, ya que trabaja prácticamente todos los grupos musculares y mejora la capacidad cardiovascular y respiratoria. Sin embargo, diversos estudios advierten de que la exposición continuada al agua clorada también puede tener efectos sobre la piel y el cabello.

 

¿Qué ocurre cuando el cloro de piscina entra en contacto con nuestra piel?

Nuestra piel tiene un pH ligeramente ácido, entre 4 y 5. Esta acidez forma parte de la barrera protectora natural, que ayuda a mantener la hidratación y a defendernos de microorganismos externos. En cambio, el agua de las piscinas presenta un pH ligeramente alcalino, entre 7,2 y 7,6, un rango que favorece la acción desinfectante del cloro.

El cloro de piscina es el responsable de mantener el agua en condiciones higiénicas, aunque su acción desinfectante también puede afectar a la piel. Según un estudio publicado en el Open Access Research Journal of Biology and Pharmacy, la exposición repetida al cloro y a otros compuestos utilizados en el tratamiento del agua puede alterar el pH cutáneo y favorecer la aparición de irritaciones.

Aunque todavía no se conocen todos los efectos de estas sustancias sobre la piel, la evidencia disponible apunta a que también pueden alterar el microbioma cutáneo, el conjunto de microorganismos beneficiosos que habitan en nuestra piel y que contribuyen a protegerla. Como consecuencia, la barrera cutánea se debilita y aumenta el riesgo de sufrir irritaciones o de agravar enfermedades como la dermatitis atópica.

A ello se suma otro factor habitual en las piscinas públicas. El sudor, las células muertas, los restos de cremas solares, jabones o perfumes reaccionan con el cloro y generan nuevos compuestos químicos, como las cloraminas, que pueden incrementar la irritación cutánea.

 

El cuero cabelludo también se ve afectado

El agua clorada no solo afecta a la piel, sino que también elimina parte de los aceites naturales que protegen el cabello y deteriora la queratina, la principal proteína de la fibra capilar.

Como consecuencia, esto puede provocar: 

  • Pérdida de fuerza y elasticidad.
  • Un cabello más frágil y quebradizo. 
  • Puntas abiertas.

Además, al aumentar su porosidad, absorbe más agua y sustancias químicas, lo que agrava el daño con el paso del tiempo.

Por otra parte, el cuero cabelludo experimenta efectos similares a los del resto de la piel. La pérdida de sus aceites naturales puede provocar sequedad, descamación, picor e incluso una ligera inflamación. Los cabellos teñidos también son especialmente vulnerables, ya que el cloro de piscina puede alterar el color y favorecer un mayor deterioro de la fibra capilar.

 

Reacciones derivadas del cloro de piscina

No todas las pieles reaccionan igual al contacto con el agua clorada. La intensidad de los síntomas depende del tipo de dermis, del tiempo de exposición y de la frecuencia con la que se nada.

En personas con una piel sana, lo más habitual es notar sequedad o sensación de tirantez tras el baño. En cambio, quienes tienen piel sensible o padecen enfermedades dermatológicas pueden experimentar molestias más intensas y persistentes.

Entre las reacciones más frecuentes al cloro de piscina se encuentran:

  • Irritación cutánea, con enrojecimiento y escozor.
  • Picor tras el baño.
  • Dermatitis de contacto en exposiciones repetidas.
  • Empeoramiento de enfermedades como el eczema o la psoriasis.

Cuando la exposición es frecuente, estos efectos pueden dejar de ser puntuales y convertirse en un problema persistente si no se protege adecuadamente la piel.

Consejos para reducir los efectos del cloro de piscina

Consulta todos los números de la revista

Revista Compartir 24